Celia elige seguir absorta en la película."
Dublinesca,
de Enrique Vila-Matas
de Enrique Vila-Matas
"El joven Spider es el último en descender de un tren en la primera secuencia de la película, y enseguida puede verse que es diferente a los demás pasajeros. Algo parece haber nublado seriamente su cerebro, se trastabilla al bajar con su pequeña y rara maleta. Es guapo, pero tiene todo el aspecto de de ser un gran perturbado, tal vez un solitario en pleno momento de incomunicación con un mundo inhóspito.
uerto a la partida y el de la llegada a Nápoles, el olor a acre del camarote, el vocerío incesante de esta ciudad paranoica, lo habían exasperado con esa desesperación quejumbrosa de los débiles que los cansa y postra, que suscita la desesperación opuesta de los buenos cristianos que tienen muchos años de vida en las alforjas. Había pretendido regresar por tierra; decisión repentina que el médico trató de combatir, pero él había insistido, y tan imponente era la sombra de su prestigio que le había hecho apear de su opinión, con el resultado de tener luego que permanecer trenta y seis horas agazapado en un cajón ardiente, sofocado por el humo en los túneles que se repetían como sueños febriles, cegado por el sol en los espacios descubiertos, explícitos como tristes realidades, humillado por cien bajos servicios que había tenido que solicitar a su nieto despavorido. Atravesaron paisajes maléficos, sierras malditas, llanuras perezosas donde reinaba la malaria. Los panoramas calabreses y de Basilicata a él le parecían bárbaros, mientras que de hecho eran como los sicilianos. La línea del ferrocarril no estava todavía terminada: en su último tramo cerca de Reggio daba un largo rodeo por Metaponto a través de regiones lunares que, como burla, llevaban los nombres atléticos de Crotona y Sibaris. Luego en Mesina, después de la mendaz sonrisa del estrecho, desmentida por las requemadas colinas peloritanas, otro rodeo, largo como una demora judicial. Habíanse apeado en Catania y treparon hastaCastrogiovanni: la locomotora jadeante por las fabulosas cuestas parecía a punto de reventar como un caballo al que se le ha exigido un gran esfuerzo, luego de un ruidoso descenso, llegaron a Palermo. A la llegada las acostumbradas máscaras de familiares con la sonrisa de complacencia por el buen éxito del viaje. Fue tal vez la sonrisa consol